Distinguir entre unas y otras puede ser útil para diferenciar aspectos de la situación en la que nos encontramos actualmente (mes de abril del año 2020).
Una crisis es un episodio agudo en el cual se manifiestan de manera intensa los padecimientos y fragilidades de un sistema dado. Por lo general, las crisis se presentan con algún pródromo, aura o aviso, son períodos breves o de duración más o menos previsible, y cuando las crisis pasan los sistemas tienden a volver aproximadamente a su estado anterior.
Podemos suponer la profundización de dolencias ya existentes, como las depresiones y los consumos problemáticos
Puede que muchas y muchos analistas hagamos el intento diariamente, sesión tras sesión, de mantenernos atentos a las ocasiones en que una intervención del lado analizante y/o las nuestras logren seguir la veta de los descubrimientos; y puede incluso que lo logremos con frecuencia. Sin embargo, volverá sólo cada tanto la experiencia de “recordar precisamente” qué es el psicoanálisis. Esa precisión es sentida, intuida, no parece apresable en un concepto o aforismo, puesto que se llega a ella desde distintas coordenadas en la variedad de los tratamientos.
Partimos de reconocer el crecimiento exponencial que ha tenido el acompañamiento terapéutico (AT) en lo que va del siglo XXI. Si bien los inicios de esta práctica pueden rastrearse en varios países alrededor de la década del ’50, es necesario notar que su generalización y creciente institucionalización pertenecen a las últimas dos décadas. Como decíamos, existen antecedentes puntuales en los ’50, experiencias que surgieron de constatar las limitaciones y fracasos de los abordajes tradicionales del padecimiento psíquico grave, encontrando la necesidad de ampliar los encuadres, de ofrecer mayor presencia terapéutica. Y a la vez estas experiencias se alimentaban de corrientes teóricas y políticas que iban conformando el campo de la Salud Mental (oponiéndose a los métodos manicomiales), en una posguerra repleta de sujetos traumatizados y con una nueva conciencia sobre los campos de encierro y concentracionarios.
La idea del agente terapéutico en posición de semejante-acompañante nos habla a veces de la necesidad de restituir a través de una institución secundaria lo que debería estar garantizado desde las instituciones primarias que constituyen el tejido social
Cada vez parece haber menos distancia entre el mundo cultural de los adolescentes y el de los adultos. Dejaron en gran medida de ser antagónicos, cosa que los caracterizó hasta períodos recientes, y en cambio parecen ir hacia una nivelación de sus objetos, sensibilidades, ideales. Esto fue observado y comentado ya en muchas oportunidades. Sin embargo los más jóvenes no dejan de declarar un abismo de incongruencia respecto de sus mayores.
No es que el tema de la incertidumbre tenga mala prensa. Tampoco es que tenga poca prensa. Lo que tiene su prensa es mala fe. Es cierto que en general se oculta el tema y se simulan certezas, pero es aún peor cuando se pretende hacer un elogio de la incertidumbre como si en todos los aspectos de la vida ésta valiera lo mismo, significara las mismas posibilidades, o constituyera una especie de máxima existencial.
Una mariposa variable es el título de un ensayo de Roger Callois, y fue lo primero que recordé mientras pensaba en escribir para Topía. Comenta que las especies variables son aquellas en que los individuos no se parecen demasiado entre sí. Es un ensayo sobre mariposas, pero claro, bate sus alas lateralmente sobre el tema de la diversidad y su tensión con la pertenencia a un conjunto.
1- Las representaciones sociales, en el nivel de la apropiación individual-singular, constituyen buena parte de aquello que Freud nombraba como representantes representativos de la pulsión. Y esto por el simple motivo de que, en principio, no hay otra clase de representaciones que las socialmente construidas y singularmente apropiadas. Éstas van modelando las posibilidades de articulación de los conflictos arcaicos del sujeto, aun cuando esos conflictos, en su forma elemental, se modifiquen más lentamente que dichas representaciones.
Muchas veces hemos argumentado la importancia de sustentar una concepción materialista-histórica propia del psicoanálisis.
En Freud esa tentativa es fluctuante. Predomina al principio y al final de su producción, pero también se eclipsa en la recurrencia de argumentos esencialistas o genetistas que, en rigor, dejan de ser metapsicológicos.
En el campo de la estética, que supo magnetizar el paso de la vida social y hacer contrapunto al pragmatismo, pocas cosas mantienen hoy un pulso luminoso. Algunas conservan su lugar en las frías gradas del prestigio, de un prestigio que no articula la cultura, más bien descansa en alguno de sus nichos. Son reliquias, y otras, se fueron oficialmente al tacho. El pulso estético de hoy es acelerado como una taquicardia, pero opaco. ¿O será que esos dínamos brillantes de la humanidad se han desplazado? ¿Han cambiado su ubicación y su apariencia? Tal vez sea eso, que no logramos reconocer su nueva forma en nuestra actualidad, acaso más y más tumultuosa. Como no lo sé, me atengo a lo que percibo desde mi recuerdo y una imaginación más o menos ilustrada. Entonces prefiero pasar por pesimista, pero registrar como perdido aquello que siento perdido.
Las imágenes capturadas han dejado en último lugar su empleo como medio de elaboración estética y de memoria, de registro histórico, para ser ahora un medio de comunicación directa que usufructúa su potencial de inmediatez y de condensación.
El antagonismo entre la imagen y la imaginación forma parte de las dolencias paradojales de nuestra época, aunque lleva en sí largas décadas germinales. Es necesario darnos explicaciones para este fenómeno en el cual cierto tipo de imagen captura y limita a otros tipos y, por lo tanto, a la imaginación. Es necesario explicarlo, ya que no ha sido a través de una devaluación de lo visual ni de un oscurantismo de la imagen que la imaginación fue constreñida, enviada a una compactadora que afecta su capacidad en lo que a formas de vida y a experiencias culturales se refiere.
La operación de ver no es tan espontánea como parece. Ver lo que vemos es tan difícil como escuchar lo que oímos. Hagamos entonces alguna advertencia respecto a nuevos lugares que la imagen ocupa en la actualidad de la producción social y por lo tanto, en la actualidad de la vida psíquica. Si ya advertimos sobre los riesgos de una teoría psicoanalítica que sobrevaluaba la dimensión lingüística (el significante, la letra, la lógica, la escritura) mientras descuidaba otros aspectos constitutivos del psiquismo, ahora también debemos avisarnos de una cultura cuyo eslogan ya no es el libro, sino la globalidad (esferas sensitivas), que se encamina más bien a desechar lo que alguna vez le valió el calificativo de “letrada”, de histórica, aquello que hizo cima y finalizó en su culto intelectual al “texto”, hoy desvaído.
Un enjoyado seno que desata la gresca entre los niños
en los oscuros patios de la bastardía Tempestad apenas. Aldo Oliva
¿Qué haremos con las imágenes? Vivimos envueltos en su multiplicidad multiplicante y como sucede siempre que un orden de producción social alcanza niveles maquinales, aumenta la posibilidad del asedio, del atentado contra su soporte subjetivo.
El 30 de mayo de 2008 fallecía Fernando Ulloa. Parece mentira que hace ya cinco años que no está físicamente con nosotros. Es que la potencia de sus ideas, sus intervenciones, su creatividad siguen atravesándonos. Es por ello que publicamos este texto que permite “volver a Ulloa , a su producción de inteligencia y instar en seguir apropiándonos de su legado. Y seguir avanzando por los caminos que nos enseñó.
EDITORIAL: La cólera neofascista y la trama corposubjetiva en la que se desarrolla el miedo. Enrique Carpintero
DOSSIER: LA POTENCIA DE LA ALEGRÍA EN TIEMPOS DE CÓLERA Cristián Sucksdorf, Tom Máscolo y César Hazaki Además escriben:Ariadna Eckerdt, Juan Duarte, Mabel Bellucci
Trotsky y el psicoanálisis. Helmut Dahmer
ÁREA CORPORAL: Signos de identidad. Tatuajes, piercings y otras marcas corporales. David Le Breton
TOPÍA EN LA CLÍNICA: EL PSICOANÁLISIS A DISTANCIA TRAS LA PANDEMIA. Eduardo Müller, Marina Calvo, Lucía Plans y Agostina García Serrano
Carla Delladonna (compiladora), Rocío Uceda (compiladora), Paulina Bais, María Sol Berti, Susana Di Pato, Marta Fernández Boccardo, Romina Gangemi, Maiara García Dalurzo, Bárbara Mariscotti, Agustín Micheletti, María Laura Peretti, Malena Robledo, Georgina Ruso Sierra